Artem Morózov había aprendido, que el poder no siempre se anunciaba con palabras ni se imponía con gritos, sino que en ocasiones simplemente se instalaba en una habitación y ocupaba el aire como si siempre le hubiera pertenecido, y aquella noche lo entendió con una claridad incómoda, aunque jamás lo habría admitido en voz alta.El cuerpo de su hermano mayor yacía sobre la mesa, aún tibio, como si la vida no hubiera terminado de abandonarlo del todo, y sin embargo nadie se atrevía a acercarse, no por respeto, sino por miedo… un miedo silencioso que se sentía en la forma en que todos evitaban moverse más de lo necesario.Artem permanecía de pie, con las manos detrás de la espalda y el rostro completamente controlado, como siempre, pero su atención no estaba en el cadáver de su hermano, sino en Viktor, su sobrino.Porque Viktor no se había movido.Ni un solo paso.Ni una sola mirada hacia el cuerpo inerte de su padre.Como si la muerte no mereciera su atención, como si lo único que realme
Leer más