La mañana siguiente llegó demasiado rápido, el sonido de los pájaros y la tenue luz del sol marcaban el inicio del día como de costumbre, Emma apenas había dormido. Las sábanas se le habían pegado al cuerpo en un sudor frío que no provenía del calor de la mansión, sino de los pensamientos que giraban en su cabeza como un carrusel sin frenos. Cada vez que cerraba los ojos, volvía la misma imagen, Alexander inclinándose sobre ella en aquella sala, su voz baja, su mano rozando su piel por accidente o tal vez... No era un accidente.Y luego, el eco de las palabras de Natasha días atrás, esa forma tan casual de mencionar “el bebé” como si fuera un proyecto más en su agenda perfecta, todo esto la tenía loca, se preguntaba cómo es que ella puede hacer eso así sin más.Se levantó antes del amanecer, como siempre. Cumplió con su rutina en silencio, la cual era preparar el café de Natasha exactamente como le gustaba, negro, sin azúcar, con un toque de canela, revisar que las flores del recibi
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