Visión de MarianaEl reloj marcaba las 8:47 de la mañana cuando llegué al resort. Después del encuentro con aquella vaca, me vine para acá con las manos temblando. Helena me preguntaba todo el rato qué me pasaba, pero no quería preocuparla.El sol entraba por las cortinas del resort, tiñendo la habitación de dorado, y el rumor del mar ahí fuera era un susurro constante. No pegué ojo en toda la noche; me desperté por lo menos diez veces, con el corazón a mil, pensando que me había olvidado de algo. ¿Las flores? No. ¿Las alianzas? Las tenía Rodrigo. ¿Mis votos? En la carpeta, al lado de la cama.— Levántate, Mari — dijo Isabela, entrando en el cuarto con una bandeja de desayuno. Iba ya vestida con un albornoz blanco —. Hoy é el gran día.— Lo sé. Estoy de los nervios.— Normal que lo estés, pero ya se te pasará. Tómate un poco de café, come algo y vamos a prepararnos.O café me lo tomé de un trago, no me supo a nada. La comida me entró fatal, tenía el estómago cerrado y me temblaban las
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