El sobre era de papel marrón, de esos que se usan para guardar papeles antiguos. Lo había encontrado en una caja de zapatos, al fondo del armario de mi padre, junto a unas cartas amarillentas y fotos descoloridas. La caligrafía de mi abuela era temblorosa, con letras llenas de curvas y florituras, como si hubiera dibujado cada palabra con todo el cariño del mundo.
Dentro había una receta. La fórmula del perfume que creó en los años sesenta, cuando era joven y estaba llena de ilusiones. El mismo