(Perspectiva de Rodrigo)
La arena blanda se hundía bajo mis pasos mientras llevaba a Mariana en brazos hacia el resort. Tenía los brazos enrollados en mi cuello y la cabeza apoyada en mi hombro, y yo sentía el calor de su cuerpo a través del vestido de encaje.
—¿No te vas a cansar? —preguntó, con la voz pastosa por el cansancio y el champán.
—Puedo llevarte en brazos toda la vida, mi amor, y no me voy a cansar.
—Mentiroso.
—Pruébalo.
La apreté contra mi pecho y ella se rió… con esa risa baja, t