(Perspectiva de Mariana)
El telefonillo sonó a primera hora de la tarde, y yo ya sabía de sobra quién era. Adriano había llamado más temprano, avisando de que quería pasarse para dejar unos papeles de la empresa… una excusa barata, porque todo aquello se podría haber enviado por correo electrónico. Pero no le puse pegas. Desde que él y Rodrigo habían hecho las paces, venía apareciendo con más frecuencia, e a mí me gustaba la tranquilidad que transmitía.
— Ya abro yo, Eliete — avisé, pasando por