El ajetreo de las últimas semanas había sido un auténtico torbellino. Me levantaba antes de que saliera el sol, respondía correos del trabajo mientras desayunaba y me pasaba el resto del día dividida entre reuniones de seguridad digital y llamadas con los proveedores de la boda.
Ser la directora de seguridad digital de Éclat no era ninguna tontería. El programa que había ganado el premio necesitaba actualizaciones constantes, el equipo de Paulo estaba metiendo firewalls nuevos y los rusos de aq