(Perspectiva de Rodrigo)
Me desperté con el sonido del mar. No fue un despertar de golpe, de esos que te dejan el cuerpo destrozado. Fue un abrir de ojos lento, natural, como si el propio sol me hubiera llamado por mi nombre. La luz entraba por las rendijas de la cortina, tiñendo el cuarto de dorado, e el olor a mar mezclado con el perfume de las flores de la noche anterior todavía flotaba en el aire.
Giré la cabeza despacio, por miedo a romper el encanto. Y allí estaba.
Mariana dormía a mi lad