El aire todavía estaba frío en mis pulmones mientras intentaba recuperar el aliento después de la intensa pelea. A mi alrededor, la multitud rugía con entusiasmo, apostando dinero y vitoreando. Sin embargo, entre toda esa algarabía, había una figura solitaria que permanecía en silencio, observándome con una calma perturbadora. Sus ojos no reflejaban la sorpresa o emoción que se veía en los demás; más bien, parecían escudriñarme con una mirada analítica, como si estuviera siendo evaluada.Descendí del ring, sintiendo el sudor correr por mi espalda mientras Marco, con una sonrisa satisfecha, contaba el dinero de las apuestas.—Buena pelea —dijo, entregándome un sobre abultado.Lo guardé en mi mochila sin siquiera mirarlo. No peleo por el aplauso o el reconocimiento. Peleo porque es una cuestión de supervivencia. Mientras me dirigía a los vestidores, percibí nuevamente esa mirada intensa sobre mí. Me detuve y giré la cabeza. El hombre seguía allí, su traje negro impecablemente ajustado,
Leer más