Inicio / MM Romance / La Doble Vida de Kira / # Capítulo 3: El hombre que podía destruir mi futuro
# Capítulo 3: El hombre que podía destruir mi futuro

Acepté la cena. Todavía no sé exactamente por qué. Tal vez fue curiosidad. Tal vez miedo. O tal vez porque algo en su mirada me decía que negarme solo complicaría más las cosas. Había algo en su porte, en la manera en que se movía, que me inquietaba profundamente, pero al mismo tiempo me atraía como un imán.

—Bien —dijo cuando asentí—. Mañana a las ocho.

—No dije que fuera mañana.

—Confía en mí —respondió con una calma irritante—. Mañana será mejor.

Lo miré con desconfianza, tratando de descifrar qué se escondía detrás de su aparente tranquilidad.

—Ni siquiera sé tu nombre.

Pareció divertido por mi pregunta, como si hubiera estado esperando a que lo dijera.

—Adrián.

Solo Adrián. Como si su nombre no tuviera apellido, como si no necesitara más presentación que esa sola palabra.

—Kira —respondí con ironía—. Pero supongo que eso ya lo sabes.

Su sonrisa fue casi imperceptible, una mueca de complicidad que me hizo sentir vulnerable.

—Lo sé.

Hubo un momento de incómodo silencio, un vacío que pesaba en el aire entre nosotros, lleno de preguntas no formuladas y respuestas que no quería escuchar.

—¿Por qué estás aquí? —pregunté finalmente, rompiendo ese silencio.

—Porque me gusta observar.

—¿Peleas ilegales?

—Personas interesantes.

Eso tampoco era una respuesta. Su mirada parecía analizar cada uno de mis movimientos, como si intentara leerme por dentro.

—Mañana —continuó—. Restaurante Lumière, ocho en punto.

Tomó una tarjeta del bolsillo de su chaqueta y me la entregó. La miré detenidamente. El papel era grueso, elegante, como todo en él.

Adrián Valcázar. Debajo del nombre aparecía el logo de una empresa enorme. La reconocí inmediatamente. Incluso los estudiantes de medicina sabían ese nombre. Valcázar Industries. Donaciones millonarias. Hospitales. Laboratorios. Investigación médica.

Mi cerebro tardó unos segundos en procesarlo. Levanté la mirada, tratando de no mostrar mi sorpresa.

—¿Eres ese Valcázar?

—Depende —respondió tranquilo—. ¿Eso es bueno o malo?

No supe qué decir. Este hombre no solo financiaba mi facultad. Probablemente financiaba medio sistema de salud. Había algo en su presencia que me hacía sentir insignificante y a la vez intrigada.

—Nos vemos mañana, Kira.

Y simplemente se fue. Como si no acabara de poner mi vida patas arriba, dejándome con un torbellino de pensamientos y emociones que no podía controlar.

Esa noche casi no dormí. Entre estudiar anatomía y repasar mentalmente la conversación una y otra vez, mi mente no paraba. ¿Por qué quería cenar conmigo? No tenía sentido. Hombres como él no salen con estudiantes cubiertas de moretones.

A las siete de la mañana estaba en la facultad. El cansancio pesaba en mis ojos, pero la curiosidad era más fuerte.

—Pareces cansada —dijo Liam, uno de mis compañeros, mientras recogía sus libros.

—Estudié mucho.

Técnicamente no era mentira. Entramos al aula de prácticas clínicas. Pero mi concentración estaba en otro lugar. A las ocho de la noche. Cena con un multimillonario. Que además sabía mi secreto. Genial. Simplemente perfecto.

A las siete cuarenta estaba frente al restaurante. Lumière era exactamente el tipo de lugar donde yo nunca entraría. Luces cálidas. Mesas elegantes. Personas vestidas como si estuvieran en una gala. Respiré hondo, tratando de calmar los nervios que me atenazaban.

—Solo es una cena —murmuré para darme valor.

Entré. Una recepcionista me sonrió cordialmente, como si mi presencia allí fuera algo habitual.

—¿Nombre de la reserva?

—Kira Valdés.

Su sonrisa cambió inmediatamente, volviéndose más profesional.

—La estábamos esperando, señorita.

Eso me puso aún más nerviosa. Me condujo hasta una mesa privada. Y ahí estaba él. Adrián Valcázar. Traje oscuro. Perfectamente tranquilo. Como si cenar con luchadoras clandestinas fuera parte de su rutina diaria.

Se levantó cuando me acerqué, mostrando una cortesía inesperada.

—Puntual —dijo.

—No quería darte otra razón para arruinar mi carrera.

Eso lo hizo reír, una risa que, aunque breve, alivió un poco la tensión.

—Relájate, Kira.

—Fácil para ti decirlo.

Nos sentamos. Un camarero apareció casi inmediatamente, ofreciéndonos el menú con una discreción impecable. Cuando finalmente estuvimos solos, lo miré directamente, decidida a obtener respuestas.

—Hablemos claro.

—Me parece bien.

—Sabes que peleo ilegalmente.

—Sí.

—Sabes que soy estudiante de medicina.

—También.

—Entonces dime algo. —Apoyé los codos en la mesa, manteniendo mi mirada firme—. ¿Qué quieres de mí?

Sus ojos se quedaron fijos en los míos. Por un momento pareció estar pensando cuidadosamente su respuesta. Luego dijo algo que definitivamente no esperaba.

—La verdad.

Hizo una pausa que se sintió eterna.

—Quiero conocerte.

Sentí que algo en mi pecho se tensaba. Porque por primera vez desde que lo conocí… No parecía estar jugando. Y eso era aún más peligroso. Adrián Valcázar, el hombre que podía destruir mi futuro, quería conocerme. ¿Por qué? ¿Cuál era su verdadero interés? Esa pregunta retumbaba en mi mente mientras intentaba mantener la compostura.

Sigue leyendo este libro gratis
Escanea el código para descargar la APP
Explora y lee buenas novelas sin costo
Miles de novelas gratis en BueNovela. ¡Descarga y lee en cualquier momento!
Lee libros gratis en la app
Escanea el código para leer en la APP