No debería haberme quedado. Después de ese beso, lo lógico habría sido alejarme. Correr. Volver a mi vida. A mis reglas. Pero ahí estaba. Dentro del auto de Adrián. En silencio. Con el corazón latiendo demasiado rápido. La ciudad pasaba frente a nosotros como luces borrosas, reflejando la confusión que sentía en mi interior.
—¿A dónde vamos? —pregunté finalmente, rompiendo el silencio que se había vuelto insoportable.
—A un lugar seguro —respondió, su tono era firme, pero no autoritario. Más bi