Marina, Efraín y Florencia estaban por salir de la casa cuando, Florencia reaccionó y dijo: —¡Marina! Dante seguro vendrá aquí; si no te ve, sabrá que me estás ayudando, no quiero darte problemas. La verdad, es que no sé por qué lo hice, no sé por qué vine aquí. ¡Perdóname, Marina! No debí meterte en este problema, eso solo era entre mi marido y yo. —¡Tía! ¡Tranquila! Yo la llevaré al médico. —dijo Efraín, mirándole con seriedad. —Marina, creo que mi tía tiene razón, será mejor que te quedes en casa. Si mi tío llega y no te ve, inmediatamente sabrá que Florencia está contigo. Déjame llevarla con mi amigo, te prometo que me comunicaré contigo tan pronto como sea atendida, ¿está bien? Marina, quería negarse, pero ellos tenían razón; Dante Montemayor era capaz de armar un escándalo ahí mismo si ella no estaba. —Solo cuídala, por favor… —Suplico, Marina, descendiendo de aquel auto. —¡Tranquila! Ella va a estar bien… —dijo Efraín de un modo que le dejaba saber que así sería. Luego de
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