Efraín por un momento pensó en si era buena o mala idea decirle a Marina que él no regresaría a Nueva York. Le tomó unos breves segundos decidirlo; él quería algo con Marina y no podía iniciarlo con mentiras.
—¿CEO? ¿Cómo? No me dijiste nada. ¿De dónde eres, CEO? —¿Por eso te regresaste de Holbox? —lo llenó Marina con varias preguntas.
—Bueno, sí, no se suponía que mi nombramiento fuese así, pero… No tuve más remedio, ni opción.
—¿De dónde eres, CEO? ¡Cuéntame! ¡Eso debe ser extraordinariamente