Florencia sabía que se avecinaba una discusión monumental, estaba más que claro que Dante terminaría saliéndose con la suya. Sabía que, de cualquier modo, dijese lo que dijese, ella sería quien saldría siendo la culpable; muchas veces había sido así por trivialidades; esta no sería la excepción; esta vez tal vez tendría la culpa por tener ojos y boca.
—¿Qué demonios haces fuera de casa? ¿Acaso me pediste permiso para salir? ¿Acaso ya te mandas sola? ¡Te voy a quitar las putas tarjetas de crédit