Marina y Ofelia platicaban cuando el timbre de la casa sonó. Alguna de las chicas de servicio fue a abrir e inmediatamente, aquella joven fue a anunciar la llegada de una visita inesperada.
—Señora, un joven está en el recibidor y me dijo que venía a verla. —dijo la joven Melina muy emocionada.
—¿Joven? —preguntó Marina extrañada.
—¿Qué joven, Melina? ¿Cómo dejas entrar a alguien a casa sin saber quién es? ¡Dios, niña! ¿Qué tal si es un ratero?
—¡No lo creo! ¡Tiene buena pinta! Me dijo que se ll