Ofelia se percató de que, desde que la señora Montemayor llegó y el señor se retiró, esta, se había ido a recostar y no había vuelto a salir de su habitación. Un tanto preocupada, fue a la alcoba a revisar, no quería llevarse un susto, así que prefirió ir a verla.
—Señora, ¿puedo pasar? —preguntó la mujer preocupada.
—Adelante… —respondió Marina mientras el jardín por la ventana.
—¿Cómo está? Me preocupé un poco; no la he visto salir de la alcoba desde hace buen rato.
—¡Perdona, Ofe! Lo que suce