Tras conducir por varios minutos, llego al apartamento que le había prestado a Jimena Sánchez.
—¡Señor Montemayor! —dijo Jimena Sánchez al abrir la puerta de su lujoso apartamento.
Dante pasó sin pedir permiso.
—Sírveme un trago… —ordeno el hombre sin medir el tono de voz.
Jimena no creía que este hombre estuviera ahí, no luego de lo que había sucedido por la tarde. Al escuchar la petición, sin dudarlo, rápidamente fue y le sirvió el trago que pidió.
Los dos años que llevaba tratándole, le había