Esteban no lo decía, no lo admitiría públicamente, pero el que su hija Renata le hablara y lo invitara a desayunar en lo que había sido su casa, le había caído como anillo al dedo, pues después de la discusión con Lorena, el hombre se había ido a casa de su amigo Armando.Ya ahí, ambos tuvieron una larga charla en donde, en varias ocasiones, tuvo oportunidad de recordar cómo eran las cosas cuando aún estaba casado con Marina, mientras sostenía una relación simultáneamente con Lorena.Esteban admitía que Lorena era una mujer increíblemente bella, inteligente, sagaz y admirable, pues había logrado mucho en todo el tiempo que habían dejado de verse.La vida de Lorena captó su atención debido a que ella gozaba de una libertad plena, no dependía de nadie, hacía y decía lo que quería, no regulaba sus palabras para encajar o no pelear. Al contrario, de discusiones subidas de tono, lo mejor eran las apasionadas reconciliaciones.Lorena no era una mujer que se contenía solo para darle gusto, el
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