Tras aquellas palabras, Renata ya no soportó quedarse ni un segundo más ahí, y salió corriendo escaleras arriba.La niña iba llorando; ella solo trataba de defender lo que creía correcto, pero todo le había salido totalmente mal. Su padre acababa de amenazarla con algo que jamás creyó posible; es más, ella ni siquiera sabía que era Surrey, ni conocía la mentada escuela.Al ver cómo todo se le venía encima, simplemente se encerró en su habitación y se lanzó sobre la cama a llorar. Ella no quería irse, ella quería quedarse; aquí estaban sus amigas, sus amigos, estaba Gio, su primer novio.—¡Maldita! ¡Maldita! ¡Maldita, Diana! —repetía una y otra vez.Renata en México era la abeja reina, aquí tenía todo lo que ella necesitaba, ¿cómo era posible que su padre siquiera contemplara que la podía apartar hasta de su madre? No, eso no, simplemente no podía ser posible; si lo hacía, al final quería decir que Diana había ganado.Diana, por su lado, al ver la situación, solo bajó la cabeza; nunca i
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