Tras aquellas palabras, Renata ya no soportó quedarse ni un segundo más ahí, y salió corriendo escaleras arriba.
La niña iba llorando; ella solo trataba de defender lo que creía correcto, pero todo le había salido totalmente mal. Su padre acababa de amenazarla con algo que jamás creyó posible; es más, ella ni siquiera sabía que era Surrey, ni conocía la mentada escuela.
Al ver cómo todo se le venía encima, simplemente se encerró en su habitación y se lanzó sobre la cama a llorar. Ella no quería