Todas y cada una de las palabras que Marina estaba diciendo se le estaban clavando muy en el fondo a Esteban.
Era verdad, este era su castigo; él tenía que ver con sus propios ojos cómo aquella familia con la que en algún momento compartió momentos de alegría y gozo se estaba desmoronando.
La mujer que estaba en sus brazos en ese momento no paraba de llorar, pues el darse cuenta de que ya no existía su familia, el ver que sus hijas en vez de ser unidas se odiaban hasta el grado de golpearse, ha