Renata abrió los ojos tan grandes que casi podían salírsele; ella había sido captada en el acto. Diana, tan pronto vio a su padre y madre, se zafó y corrió hacia ellos.
Marina inmediatamente envolvió a su hija en un abrazo, mientras que Renata se había quedado pasmada. Su padre no dijo nada más, la tomó del brazo y la sacó del área de juegos.
Renata no decía nada, solo seguía presa de la enorme mano de su padre. Marina vio a su hija y le dolió el corazón, aunque si las miradas mataran, ella junt