Efraín notó la molestia en todas y cada una de las palabras de Marina; por un momento sintió que se estaba alterando y decidió calmarse.—Marina, es solo que… Dime una cosa, ¿qué es lo que hacía Esteban anoche en tu casa? Ayer yo estaba fuera de tu casa, estaba esperando a que él se fuera y, ¿sabes cuál fue mi sorpresa? Te voy a decir que me tocó ver cómo Esteban salió solo para meter su auto en esta casa.Marina estuvo a punto de replicar, pero, era verdad, Esteban se había quedado en aquella casa; ella estaba agotada, él se encontraba igual, así que, por un momento, quiso olvidar que eso no era correcto, esa casa no era suya, era de Efraín.Aquel pensamiento la puso a reflexionar y confirmar que su decisión no podía ser tan errada.—Efraín, tienes razón. —dijo Marina haciendo una pausa. —Esteban no debió haberse quedado, menos siendo esta tu casa. Honestamente, sé qué es lo que cruza por tu mente, no soy una tonta.Crees que Esteban se quedó aquí por mí, conmigo, e incluso puedo imag
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