Marina no era una mala mujer; al contrario, durante los nueve años que habían estado juntos, ella había sido una buena esposa; incluso en ocasiones, él se sentía inferior a ella, pues solo bastaba con verla cómo maneja magistralmente los temas de sus gemelas, la casa e incluso los que compartían.
—Mi madre me lo advirtió, mi padre también me lo dijo, pero no. Yo estaba ciega, creía que de verdad habías puesto atención a que me gustabas.
Cuando Esteban escuchó aquello, recordó cosas del pasado; a