Marina se sentía nerviosa; esto no debería estar pasando. Ella era una adulta y, como tal, no debería sentirse así, pero, honestamente, la vida tiene formas muy curiosas de ponerte en momentos incómodos. En aquel café esperaba mientras tomaba un café americano, simple y sin azúcar; este no era algo que fuese su favorito, pero ante la situación que estaba viviendo, ameritaba algo fuerte y se veía pidiendo un trago. Marina miraba por la ventana; la tarde no era trágica, solo había un poco de brisa. Sí, en marzo había un poco de brisa, de esa que no moja, pero sí enferma, según la abuela Sofí; esa “lluvia espanta pendejos”, recordó, y eso la hizo sonreír. Mientras esperaba a que llegara la persona que iba a ver, se puso a recordar momentos de su vida. Se perdió de uno en específico, ¿cómo podría olvidarlo? ¿Cómo querría olvidarlo? Sí, saber que estaba embarazada había sido una de las mejores noticias que podía haber recibido en todo lo que llevaba de vida. Tras perderse en los rec
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