Marina y Esteban, luego de aquel enfrentamiento, finalmente se fueron calmando. Ella ya había tomado una decisión y no había vuelta de hoja; tan pronto como amaneciera, ambos hablarían con las niñas y les darían la noticia de que las tres se irían a Surrey, Londres.
—Toma, con esta manta te podrás cubrir, no sentirás frío. —dijo Marina ya cansada y con los ojos tan inflamados que le ardía tenerlos abiertos.
Esteban la tomó y, al hacerlo, no perdió oportunidad y agarró la muñeca de la joven muj