Tan pronto como el avión aterrizó, ya los esperaba un elegante auto con chofer incluido.—Adelante… —dijo Patrik abriéndole la puerta a Lina para que subiera.—¿Esta es tu vida en Nueva York?—Algo por el estilo, ya deja de mostificarte, anda, vamos, debemos ir a arreglarnos.—¿Para? ¿Por?Patrik, en definitiva, se daba cuenta de que Lina estaba nerviosa; todo lo que veía era nuevo. No era tonto, se podía percatar de que ella se sentía extraña con todo lo que estaba viviendo; no quería incomodarla. Al principio pensó en llevarla a una gala, ópera o algo elegante, pero, al ver su reacción, decidió que no quería que saliera huyendo, así que iría paso a paso.—¿Te gusta? —preguntó él, viendo cómo ella no perdía detalle en las calles que recorrían.—Es… Es un lugar asombroso.Lina hizo una pausa, lo miró y dijo:—No sé cuál sea el plan, pero no creo venir vestida para la ocasión.Patrik la miró, sonrió y dijo:—Yo creo que estás perfecta, pero, si no te sientes cómoda, podemos ir a buscar
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