Adelina y Patrik, al salir de casa de Marina, subieron al auto y no dijeron nada. Lina regresó a su estado normal, se quedó callada todo el camino e incluso se quedó dormida, al menos hasta que sintió que el auto se detuvo.—¿Adelina? Despierta, ya llegamos a casa…Adelina comenzó a despertar; aquella frase sonaba rara. Esa no era su casa; llevaba casi una semana viviendo en casa de Patrik y no era que fuese desagradecida, era que, por obvias razones, esa casa le era totalmente ajena.—¿Casa? Esta es tu casa… Suena raro cuando lo dices como si viviéramos juntos.—Bueno, por el momento compartimos esta casa, así que es como si fuese también tu casa.—Hmm… Discúlpame, debes pensar que soy una perra desagradecida…—¿Qué te sucede? Desde que salimos de casa de tu hermana no has dicho nada y ahora, lo que acabas de decir, me deja claro que traes algo.—No, nada, estoy cansada, solo quiero tomar un baño e irme a la cama. —¿Vas a trabajar en tu estudio? —preguntó como parte de la rutina.—Sí,
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