Luego de llorar por largo rato, Marina se limpió las lágrimas y dijo: —Anda, Ofelia, ve a casa, no quisiera que Esteban sospeche que estás conmigo. —De que sospecha, sospecha, pero cuide muy bien la ruta que tome para venir. Señora, cuídese mucho y ya no esté triste, hizo lo correcto, usted no es la mala en la historia. Ya dio el primer paso de muchos que debe dar; ahora no se me vaya a echar para atrás. —¡Gracias, Ofelia! ¡Gracias por estar conmigo! Créeme, no sé qué haría si tú no estuvieras conmigo. —Seguro que sacaría fuerza de donde siempre las saca. Señora, llevo años conociéndola y, muy a pesar de que es una mujer muy joven, siempre ha sabido qué hacer. ¿Acaso no recuerda cómo era cuando nacieron sus niñas? Su inconsciente marido no perdonaba y usted debía hacer malabares para atender a las niñas y a él. Lamento lo que voy a decir, pero desde ahí se notaba claramente que el señor no sería una buena pareja, pero usted estaba tan enamorada que lo veía como algo normal. Señor
Leer más