Lina y Patrik subieron a aquel carruaje; él le puso una manta sobre sus piernas; aquel gesto la conmovió. Patrik era un hombre romántico, sin duda; aunque hablaba poco, aunque en apariencia se mostraba imponente y frío, dentro había un hombre de buen corazón. ¿Cómo no podría sentirse afortunada?
—Patrik… —dijo ella con duda.
—Dime… —respondió el hombre rodeando sus hombros con un brazo y con el otro, entregándole un café. —¿Qué sucede?
—¿Por qué haces todo esto?
—Hmm… No lo sé, simplemente tuve