Lina sintió cómo la mano de Patrik buscó la suya. El hombre caminaba erguido y orgulloso, no se ocultaba de nadie, no había necesidad de hacerlo.
Esta era la primera vez en mucho tiempo que se veía haciendo aquello; para Lina todo esto era nuevo. Él se veía muy seguro de cada paso que daba y este no era la excepción.
—Mira, aquí está… —dijo Patrik sosteniendo con fuerza su mano.
Tras aquello, el hombre se colocó a un lado de ella y juntos cruzaron la calle. Lina se sentía como en un cuento; lo