Tan pronto como el avión aterrizó, ya los esperaba un elegante auto con chofer incluido.
—Adelante… —dijo Patrik abriéndole la puerta a Lina para que subiera.
—¿Esta es tu vida en Nueva York?
—Algo por el estilo, ya deja de mostificarte, anda, vamos, debemos ir a arreglarnos.
—¿Para? ¿Por?
Patrik, en definitiva, se daba cuenta de que Lina estaba nerviosa; todo lo que veía era nuevo. No era tonto, se podía percatar de que ella se sentía extraña con todo lo que estaba viviendo; no quería incomoda