Lina, aun en la oscuridad de aquella habitación, miró a los ojos al hombre que tenía casi sobre ella; aquellos fríos ojos azules, en ese momento, no reflejaban las mismas emociones de siempre.
En este preciso momento, ella bien podía ver las pupilas dilatadas; no era tonta, sabía perfectamente que bien podía ser el alcohol o bien podía tratarse de lo que realmente deseaba que sucediera.
Aquella joven mujer por unos cuantos segundos vivió un dilema; ella podía hacer lo mismo que siempre, dejarse