Marisol la miró con tristeza, con lágrimas, pero no dijo nada, no podía, solo asintió.Así que simplemente… se dio la vuelta.Y se fue.Detrás de ella, Anabela rompió en un llanto aún más fuerte, desgarrador, como si intentara retenerla con ese dolor que se desbordaba sin control.Pero Marisol no se detuvo. No volteó. No podía hacerlo. Si lo hacía, sabía que no tendría el valor de marcharse.El pasillo del hospital se le hizo interminable.Cada paso retumbaba en su cabeza como un recordatorio de todo lo que estaba perdiendo.O de todo lo que le habían arrebatado.Al salir, el aire nocturno golpeó su rostro, pero no logró calmarla. Su pecho seguía oprimido, su respiración inestable… su mundo, hecho pedazos.Y entonces vio a Lara frente a ella.—¿No te dije que al final no puedes conmigo?La voz la detuvo en seco.Marisol cerró los ojos un instante.Lentamente, la miró.Ahí estaba, de pie, con esa sonrisa cargada de veneno, de superioridad, de triunfo. Como si disfrutara cada segundo de
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