Al siguiente amanecer, la luz del sol se filtraba suavemente por las cortinas de la habitación, iluminando los contornos delicados de Marisol.Valentino despertó lentamente, y al abrir los ojos, la encontró recostada, todavía entre sueños.Su primer impulso fue acercarse, acariciar su rostro y sentir la suavidad de su piel bajo sus dedos.“¿Por qué no eres tú?”, pensó, una punzada de deseo y confusión mezclándose en su pecho.Valentino se levantó, caminando hacia el baño con pasos firmes pero silenciosos, como si no quisiera interrumpir la tranquilidad que aún flotaba en el cuarto. Se duchó, tras vestirse, salió al balcón.El mar frente a él se extendía hasta el horizonte, brillante y sereno, reflejando el cielo celeste y despejado.Un viento cálido acariciaba su rostro.Valentino sacó su teléfono y marcó rápidamente un número que conocía de memoria.—René, necesito un gran favor —dijo con voz firme—. Quiero saber todo sobre Marisol. No solo el presente… quiero que investigues su pasa
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