Anabela no pudo contenerse.
La rabia que había estado conteniendo desde hacía minutos estalló sin previo aviso.
Sus ojos, normalmente serenos, ahora ardían con una furia que no dejaba lugar a dudas.
Sin decir una palabra más, tomó a Lara del brazo con fuerza.
—¡Ven conmigo!
Lara intentó soltarse, sorprendida por la brusquedad, pero Anabela no le dio oportunidad. La arrastró fuera del salón, ignorando las miradas curiosas de algunos invitados cercanos, atravesando los pasillos hasta llegar al jar