Cuando Valentino regresó, no esperaba encontrarla ahí.
Marisol estaba de pie, inmóvil, mirándolo como si hubiera estado esperándolo desde hacía mucho tiempo. Su expresión era difícil de descifrar: había algo de reproche, algo de dolor… y algo más profundo que ninguno de los dos se atrevía a nombrar.
Valentino bajó la mirada por un instante, como si evitara ese juicio silencioso.
—¿Por qué peleas con tu gran amor? —preguntó ella finalmente, rompiendo el silencio—. ¿Por mí?
Su voz no era acusadora