Valentino rozó sus labios con los de Marisol, y en cuestión de segundos el beso dejó de ser suave. Se volvió intenso, posesivo, como si en ese instante necesitara asegurarse de que ella estaba ahí, de que era real.
Marisol no pudo reaccionar.
Su mente intentó procesar lo que estaba pasando, pero su cuerpo respondió antes. La calidez de ese contacto, la forma en que él la sostenía, la envolvió como una ola que la arrastraba sin darle oportunidad de resistirse.
La lengua de Valentino buscó la suya