Valentino dio un paso al frente, listo para enfrentarlo.
La ira le hervía en la sangre, sus puños tensos, su mirada oscurecida por un impulso casi violento. Estaba a punto de abalanzarse sobre Gael…
Pero no fue necesario. Marisol reaccionó antes.
Lo empujó con fuerza, separándose de él, y sin dudarlo le dio una bofetada tan fuerte que el sonido resonó en el aire.
—¡No vuelvas a besarme! —exclamó, temblando de rabia—. ¡Solo me das asco, Gael! ¿Qué haces aquí? ¿Eres un loco perseguidor?
Su voz no