Al volver a la casa, Alessia se detuvo en la entrada apenas cruzó la puerta.El ambiente era distinto al del restaurante, más cálido, más silencioso, como si el mundo exterior hubiera quedado atrás. Sin embargo, algo llamó inmediatamente su atención: en la cocina había bolsas con alimentos perfectamente acomodados.Frutas, pan, verduras frescas, carne. Todo estaba ordenado con cuidado, como si alguien hubiera pensado en cada detalle.Alessia frunció el ceño, confundida.—¿Tú lo compraste? —preguntó, girándose hacia Eliseo.Él la observó desde unos pasos detrás, con las manos en los bolsillos, relajado como si aquello fuera lo más normal del mundo.—Sí —respondió con sencillez—. Lo compré para ti.La frase la descolocó por completo.Alessia lo miró unos segundos sin saber qué decir. Luego, como si no quisiera darle demasiada importancia a lo que acababa de escuchar, desvió la mirada hacia los ingredientes.—Entonces… prepararé la cena —dijo finalmente.Eliseo no la detuvo. Solo asintió.
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