Al volver a la casa, Alessia se detuvo en la entrada apenas cruzó la puerta.
El ambiente era distinto al del restaurante, más cálido, más silencioso, como si el mundo exterior hubiera quedado atrás. Sin embargo, algo llamó inmediatamente su atención: en la cocina había bolsas con alimentos perfectamente acomodados.
Frutas, pan, verduras frescas, carne. Todo estaba ordenado con cuidado, como si alguien hubiera pensado en cada detalle.
Alessia frunció el ceño, confundida.
—¿Tú lo compraste? —pregu