Alessia aún tenía el corazón acelerado cuando logró recuperar el equilibrio. El vino derramado seguía extendiéndose por el suelo del pasillo como una mancha imposible de ignorar.
Las voces del restaurante empezaban a elevarse, pero para ella todo sonaba lejano, como si estuviera atrapada dentro de una burbuja.
Eliseo seguía sosteniéndola del brazo.
Su contacto era firme, cálido, demasiado estable para alguien que supuestamente era solo “un guardia”.
Alessia levantó la mirada, aún confundida.
—¿E