Apenas el indicador del ascensor comenzó a bajar, él se sintió destruido. Massimiliano se giró de golpe hacia Alisson. La respiración se le agitaba en el pecho y el pánico puro brillaba en sus ojos zafiro. En dos zancadas acortó la distancia que los separaba.—Ali... —susurró, con la voz rota.Sus manos, grandes y temblorosas, volaron hacia el rostro de ella. La tomó por las mejillas, revisando desesperadamente cada centímetro de su piel, girando su rostro de un lado al otro con una suavidad que contrastaba brutalmente con la violencia de hace un momento.—¿Te hizo daño? Dime que no te tocó. ¿Estás bien? —le preguntaba, frenético, bajando las manos para revisar sus brazos, sus hombros, buscando cualquier marca—. ¡Dime si te hizo algo, Alisson, por favor!Alisson estaba paralizada por el exceso de adrenalina, pero al ver el terror genuino, crudo y desbordante en los ojos del hombre frente a ella, su corazón dio un vuelco. Él estaba aterrorizado por su bienestar.—Estoy bien... Estoy b
Leer más