Sin embargo, Regina fue la única que tuvo el valor de acercarse. Rodó su silla de ruedas hasta interceptarla cerca de su cubículo, con los ojos muy abiertos.—¡Guau! Está muy bonito tu vestido, Alisson —exclamó la pelirroja, escaneándola de arriba a abajo.—Te lo agradezco —murmuró Alisson, sintiendo que las mejillas le ardían, deseando que la tierra se la tragara.—La verdad no sabía que te gustaba este tipo de ropa tan sofisticada —continuó Regina, genuinamente asombrada, con una sonrisa—. Pero me encanta. Te luce genial. Pareces una modelo de pasarela.Alisson se frotó la frente, sintiendo que la situación se le salía de las manos.—Realmente no es como si fuera mi tipo de ropa... —balbuceó, nerviosa, enredándose en sus propias palabras—. Realmente es bonita, sin embargo, me la he puesto porque... bueno, porque...Se quedó en blanco. Frunció el ceño, sabiendo que continuar hablando era como hablar de más y cavar su propia tumba. ¿Qué iba a decirle? «Oh, sí, el monstruo de hielo de
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