Intenté concentrarme en la conversación, en las cifras que uno de los inversionistas explicaba con entusiasmo, pero las palabras se mezclaban en mi cabeza como un murmullo distante. Me sentía completamente desconectado del exterior. Entonces, volvió a ocurrir: un sonido lejano, apenas perceptible entre la música del bar. Un aullido. Esta vez no tuve dudas, era demasiado claro.El vaso se detuvo a medio camino entre la mesa y mis labios mientras mis sentidos parecían agudizarse de golpe. Podía escuchar la risa de una pareja al otro lado del salón, el tintinear de los cubiertos en la barra, incluso el roce de la tela cuando alguien se levantaba de su silla. Todo era demasiado nítido, demasiado intenso.—¿Señor Lauder?La voz del inversionista frente a mí me hizo parpadear, como si despertara de un trance.—Disculpe —dije, aclarando ligeramente la garganta—. Continúe, por favor.El hombre asintió y retomó su explicación, pero mi atención ya no estaba allí. Mi mirada comenzó a recorrer
Ler mais