Observé a mi madre en silencio. Su seriedad me indicaba que todo lo que decía era cierto, y yo le creía.
—¿Cuándo despertará mi lado lobo? —pregunté con interés.
Su voz se volvió apenas audible.
—Cuando cumplas veintiocho años.
Un escalofrío me recorrió la espalda.
—Eso es en cuatro meses, mamá…
Ella asintió lentamente y entonces me observó con tristeza.
—Lo sé, hijo —susurró—. Yo también pasé por ese proceso y tuve los mismos síntomas previos que tú. Sentía un llamado lejano, que cada vez se