—¡Vamos, Miel! Es por tu bien.Gruñí por instinto y le mostré mis colmillos afilados.Fahra soltó una risotada, completamente divertida con el tormento que estaba ejerciendo conmigo.—Definitivamente esto va a ser más difícil de lo que pensé —susurró.—¿Esto es totalmente necesario? —pregunté, arrugando las cejas al ver mi reflejo.Mi prima me había llevado hasta su casa, donde comenzó con lo que llamó una sesión de belleza de emergencia.Y, por lo visto, era una tortura perfectamente planificada.Todo había empezado con un baño.Un baño en una enorme tina.Con agua caliente, sales de mar y unos jabones que olían demasiado limpios.Al principio me resistí, gruñí, le discutí, y finalmente, cedí.No porque quisiera darme un baño tan exótico, sino porque Fahra no se rendía. Después de todo, era una cosmetóloga muy buena y estaba ayudándome sin pedir nada a cambio.—No puedes ir por la vida oliendo a pantano, prima —había dicho, cruzándose de brazos—. Aquí eso es sospechoso. Pensarían que
Leer más