19. Baile
“No, no te vayas…”Ana escuchó la voz llena de melancolía y anhelo. La canción, elegida con cuidado, era una promesa y una advertencia. Una canción lenta, romántica, que hablaba de corazones rotos, de amores imposibles, de anhelos silenciados.No hubo palabras, sólo el ritmo suave de la música y la cercanía de sus cuerpos. Sentía su respiración en su cuello y el latido acelerado de su corazón. Cerró los ojos, se dejó llevar por la melodía y por la sensación de estar protegida en sus brazos.Auritz se movía con una elegancia contenida, como si cada movimiento fuera medido, estudiado. Ana, por su parte, intentaba seguir el ritmo, pero la timidez la invadía. Se sentía torpe, fuera de lugar, pero a la vez, en un estado de gracia.Quería besarlo. Deseaba desesperadamente sentir sus labios sobre los suyos, probar el sabor de su boca, perderse en la intensidad de ese momento; pero se contuvo. Temía la fragilidad de ese instante. Sabía que si lo besaba, la barrera se rompería, la contención s
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