13. Expectativas
El desconcierto la invadió.
¿Qué había dicho? ¿Por qué ese beso? ¿Qué significaba todo eso?
—¿Qué dijiste? —la voz le tembló.
Auritz sonrió, una sonrisa enigmática que la atraía y, a la vez, la inquietaba. Él no respondió, sólo se dirigió a la cocina, dejándola sumida en un torbellino de preguntas y sentimientos.
Ana se quedó sentada en el sofá, con el corazón latiéndole con fuerza, el libro en sus manos, las palabras de "Mujercitas" resonando en su mente, y el eco de "Ets molt tendra" en su oí