12. Olvido del mundo
—Bueno, mi amor, ya veremos ese día, en este momento te tengo que dejar. Me voy a dormir porque mañana tengo que ir a trabajar; pero quiero que sepas que te extraño. Ya quiero que vuelvas ―la mandíbula de Ana se tensó.
¿Por qué siempre era así? ¿Por qué todo tenía que ser a su manera? ¿Por qué sus planes, sus gustos, sus amigos, siempre eran lo primero?
—Sí, claro —forzó una sonrisa.
—Te amo, mi vida. Cuídate mucho.
—Yo también te amo, Félix. Adiós ―murmuró mecánicamente antes de colgar.
Se qued