5. El eco de la distancia
Intentó disimular. —Nada, sólo estoy un poco cansada. Y sí, sonreía porque me acordé de algo que me dijiste ―respondió con agilidad.—¿Ah, sí? ¿Y qué te dije? —insistió Malena con una curiosidad voraz.—Me dijiste que la próxima vez que viniera a Valencia, tenías que venir tú para ver a los españoles —Ana soltó una risita.La carcajada de Malena resonó en el teléfono. —¡Ay, sí, es verdad! ¡Me muero por conocerlos! ¡Son tan guapos! ¡Y con ese acento! ¡Uf! ¡Ya me imagino! Pero, a ver, prima, dime la verdad. ¿Conociste a alguien? ¿Un español? ¿Uno guapo? ―Malena no dejaría de interrogarla hasta conocer todos los detalles, Ana conocía muy bien su espíritu desenfrenado.Superada por la insistencia de su prima, intentó cambiar el tema. —Malena, por favor, no empieces. Ya sabes que tengo novio.—¡Ay, por favor, Ana! ¿En serio me vas a salir con eso? ¡¿Qué tiene que ver Félix?! —exclamó Malena con un tono de exasperación. —Sabes que no me gusta ese tipo. Egoísta, controlador… ¡te tiene amarra
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